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Depósito de ponencias, discusiones y ocurrencias de un grupo de profesores cosmopolitas en Jaén, unidos desde 2004 por el cultivo de la filosofía y la amistad, e interesados por la renovación de la educación y la tradición hispánica de pensamiento.

viernes, 19 de febrero de 2010

Manuel Andújar

Autora Ana Azanza

Rafael Bellón nos habló en la última reunión del escritor jiennense Manuel Andújar (La Carolina 1913-Madrid 1994).

Parece que estamos ante un doble exiliado o triple. En 1939 hubo de dejar España para asentarse en Méjico donde ejerció diversos oficios hasta recalar en Fondo de Cultura Económica. Un segundo exilio sería la falta de reconocimiento de su obra y el tercero: a su regreso la democracia española le decepcionó, no se había producido el cambio social y cultural deseable a pesar del paso de dictadura a democracia.

Escribir era para este jiennense un proyecto ético, al que pudo entregarse cuando hubo de dejar su trabajo de funcionario obligado por el exilio.
Con la guía de nuestro compañero, profesor de literatura y Cronista de Ubeda, hicimos un recorrido por todos los géneros literarios.
De su obra poética destaca por su tono metafísico "Sentires y querencias". Un buen ejemplo de la poesía de Andújar es "Enconada pregunta" cuya lectura nos sobrecogió:

"¿Tenemos natural
derecho
a entender el sentido
de lo que ocurre,
a preguntar
si hay una finalidad
en nuestro existir
precario y frágil?
¿Acaso descubiertas quedarán
en el futuro
causalidad y casualidad?
Por misericordia, nos explicarán
que la basura de la flor procede
y que el tallo tierno
a estiércol huele ya."

En la novela "Cita de fantasmas" alude a su crítica a los exiliados españoles en Méjico, que se reunían a charlar sin avanzar en su pensamiento, e incluso recreando una España cada vez más alejada de la real. Idealizando lo que habían vivido y desinteresados de su evolución. En los años cincuenta parece que creció el número de suicidios en este colectivo desesperados al ver que el régimen que los había expulsado injustamente se asentaba y obtenía reconocimiento internacional.

En cuanto al teatro, escuchamos un monólogo compuesto por Andújar, "Objetos hallados".

Y del ensayo destacó Rafael Bellón el título: "El mestizaje cultural en Andalucía e Iberoamérica".
En este escrito Andújar valora el régimen político del mejicano Lázaro Cárdenas que supuso una ayuda jurídica, moral y tangible para los españoles obligados a abandonar el país. Recuerda sus primeras impresiones de América una vez solucionado el problema de la subsistencia:

"el rojo tezlonte de los edificios, amarillez morena de las fisonomías indias, teñidas claras de los criollos, polifacética mixtura de los mestizos". Plasma esas sensaciones en su novela de 1944 "Partiendo de la angustia" sobre la que explica:

"más que el argumento de la novela importa destacar que es una joven india la protagonista... Pero el tono e intención fundamentales consistían en la aspiración de captar el ambiente, de reflejar una atmósfera en que concurren indisolublemente, el entorno de la historia en que participó lo español, determinándola en gran porción, y la aparente y subyacente y coloreadora persistencia de impregnación precolombina, Constituía una melancólica constancia, un haz de impresiones iniciales, en que se habían mezclado un ingenuo deslumbramiento y dosis de una vaga ternura solidaria, por los conquistadores -o dominantes todavía- y por los conquistados, cuya modulación se conserva y aflora."

Hace un recorrido por todos los autores que el mestizaje ha dado de sí en América, desde el fraile Bernardino de Sahagún, cuya curiosidad por las lenguas indígenas las salvó del olvido, hasta los autores mejicanos y de otros países de América hispana con los que tuvo ocasión de compartir en el exilio. Particularmente destaca su coincidencia con el ecuatoriano Demetrio Aguilera-Malta autor de "Don Goyo". Asumir el mestizaje era una misión fundamental de lo americano.

¿Y Andalucía en todo ello?

Uno de los más antiguos y multiformes mestizajes de la Península, y esa acumulación cualitativa ha sedimentado en una personalidad propia. En este punto coincide plenamente con las apreciaciones que Ortega y Gasset hiciera en Teoría de Andalucía.

Nos resultó curioso que un autor de más de cincuenta libros, se encuentre con que nadie se acuerde de él, y gran parte de su obra permanezca inédita, criando polvo en los archivos de la diputación de Jaén.

martes, 16 de febrero de 2010

En la sesión de Enero, dediqué mi intervención a un gran filósofo español que, además, fue un gran filósofo Mexicano: Adolfo Sánchez Vázquez.
Efectivamente, el exilio debido a la Guerra Civil española de 1936, nos privó durante decádas a los españoles de pensadores, artistas y profesionales que desarrollaron su trabajo en otras tierras de acogida. La historia de Adolfo Sánchez Vázquez está llena de fechas, de lugares, de amigos y de trabajo, pero sobre todo está llena de compromiso. Esta es la gran deuda de la historia de la filosofía española con los autores del exilio.
Hablamos, mientras algún que otro dulce nos acompañaba, de lo humano y lo divino, y para que quede constancia en el Blog, voy a recoger parte de mi ponencia junto con un video extraido de youtube del profesor.

A) La Filosofía de Adolfo Sánchez Vázquez

No hay una manera única de calificar la obra de Adolfo Sánchez Vázquez, ensayista, traductor, crítico, poeta,... ¿con qué quedarse?

Si volvemos a tomar como referencia su historia personal, el interés por la filosofía surge con posterioridad a su formación en letras y a su encuentro con la poesía. Sin embargo, es verdad que su vocación política no podía tener otro final que hacer filosofía. Su desconocimiento del Marxismo y la rebeldía ante una lectura políticamente interesada de Marx, le harán evolucionar hacia lo que el editorial de la Revista Anthropos, en el número dedicado a este autor (nº 52, 1985), llama “una concepción científica y crítica de la filosofía y especialmente del marxismo”[1]. Su pensamiento filosófico se centrará entorno a la categoría de Praxis.

La llegada de S.V. a la Filosofía de la Praxis (utilizando el título de uno de sus libros de 1967) es claramente política. Sin embargo, su desarrollo alcanza otros órdenes o ramas de la filosofía.

Partiendo de la teoría del trabajo como esencia del hombre y de la producción material como factor determinante en el proceso histórico-social, S.V. analiza el trabajo humano en el capitalismo y denuncia que la alienación a la que se ve sometido el trabajador en este modo de producción, es también estética, puesto que el trabajo humano es una actividad creadora. El Capitalismo explica el divorcio existente entre trabajo y placer, o entre trabajo y belleza. Esta caracterización es la que determina la hostilidad por principio del capitalismo hacia el arte, que ya fue señalada por Marx. A partir de aquí, S.V. se afanará en elaborar una nueva estética marxista que tiene como núcleo, en palabras de José Luis Abellán, “no identificar el arte con la ideología”.[2]

De este estudio estético, nos lega una concepción del ser humano como “ser activo y creador, práctico, que transforma el mundo no sólo en su conciencia, sino de manera práctica y real”.[3]Lo destacable de esta concepción es que el propio autor la pone en práctica en su vida y en su obra, es decir, la “praxis reflexiva” de la que él habla no tiene ningún sentido aislada de una praxis transformadora, pero tampoco tendría efectividad una praxis transformadora-revolucionaria, que no se hubiese elevado desde la toma de conciencia del sujeto revolucionario. Esta es la principal razón del fracaso de la revolución bolchevique y de su conversión en una dictadura ideológica. “Los proletarios –dice- sólo pueden subvertir el orden económico y social que los enajena con una praxis altamente consciente y reflexiva. De ahí la necesidad de dotar al movimiento obrero de una conciencia de su misión histórica (...).” ¿A quién le corresponde esta misión “educadora”? Para S.V. la respuesta está clara: a los Intelectuales. En su concepción de la intelectualidad se mezclan praxis ética y política.

La vida misma implica “compromiso”, es decir, asumir unos principios o valores que guíen nuestra acción y en la medida que los tenemos, somos responsables de las acciones desarrolladas. En el caso del Intelectual el compromiso es doble:

· Parece obvio que el intelectual debe responder de su obra.

· Pero, igualmente, el intelectual debe responder de su vida.

No es, por lo tanto, sólo un compromiso de trabajo, es un compromiso personal, como ciudadano en la vida real. Y esto es así, primero porque “ninguna obra intelectual es inocente o neutra, en cuanto que por su contenido ideológico, por la percepción de que es objeto en la sociedad o por el uso que en esta sociedad se hace de ella, afecta a otros (...),”[4] pero más que nada por el testimonio que la propia vida arrostrará ante los que se apropien de la obra. El compromiso del intelectual debe dirigirse a “provocar efectos que contribuyan, (...), a mantener, reformar o transformar esa realidad humana y significa, también, asumir la responsabilidad de los efectos que busca el autor con su obra y su conducta en la vida real.”[5]

S.V. hace del intelectual su estandarte para defender el homo políticus de la Atenas Clásica, es más, considera que el gran ejemplo de compromiso intelectual, en el orden filosófico, fue Sócrates: “Sócrates no se conformaba con estar en la verdad o en la bondad, sino que asumía también las consecuencias sociales de estar en la verdad o en la bondad. (...)No comprometerse, no asumir la responsabilidad de sus efectos sociales, habría significado conformarse solamente con la verdad o la bondad de sus principios, pensando que como filósofo eso era lo único que podía y debía contar”[6]. Ni el filósofo, ni el científico, ni el escritor, ni el artista, ni el educador pueden replegarse al santuario de su pensamiento o de su imaginación, cortando los nexos con la vida real, con la Praxis, algo que es común hoy en día. Y no se puede alegar, según S.V., que el compromiso degrade o anule la libertad del intelectual, nada más elevado que el compromiso de denuncia del sinsentido de la Guerra Civil española que observamos en el Guernica de Picasso.

Es evidente que la historia se define por su incertidumbre, no es directamente analizable como sí puede hacerse con un objeto material, pero esto, en palabras de S.V., no da derecho a los posmodernos a renunciar al compromiso con lo que es incierto, inseguro e improbable, porque precisamente por esto, para que se produzca lo que sólo nos parece incierto, tiene que existir el compromiso. La certeza o realidad de hoy, procede de la inseguridad de ayer, de lo que sólo era una posibilidad. La intelectualidad no puede caer en la trampa de recluirse en la teoría en base a identificar lo incierto o lo inseguro con lo imposible. Ha llegado el momento de revalorizar la acción política[7], precisamente destacando su dimensión axiológica (emancipatoria) o su dimensión práctico-instrumental. La misma opción solicitaba el profesor Aranguren para la Política, en aquella fructífera Conferencia pronunciada en el Congreso de los Diputados el 4 de Febrero de 1985, y que debo el conocimiento de su existencia al pozo de sabiduría que es D. Rafael Bellón,: deben volver a unirse Ética y Política en un sustancial, pero fundamental, “inestable equilibrio”. Sin embargo, Aranguren definía un status diferente para el intelectual, en tanto que representante de la actitud ética, y para el político. Esto podía dejar la vía libre para la falta de responsabilidad, esa que implica el compromiso en la concepción del intelectual de S.V.. Pero no se alejan tanto estos autores, ambos reclaman una Ética Civil, Aranguren desde la referencia al Estado de Derecho o a la Democracia como moral (teniendo como referencia o guía Los Derechos Humanos), y S.V. en su referencia a la Democracia real (teniendo como referencia la defensa incondicional y no selectiva de los Derechos Humanos y teniendo como elemento alternativo a los partidos políticos, los movimientos sociales de los últimos tiempos).

Como apunte final, aparece en el libro Ética y política, la referencia de S.V. a El Compromiso político-intelectual de María Zambrano[8]. Como si de una línea en el tiempo se tratase me encuentro a los tres autores que han ocupado mi trabajo filosófico en La Quinta del Mochuelo en los últimos dos años. Es curioso, y oportuno, que todo venga a converger en la pensadora, como ejemplo de mujer filósofa, de exilio vital y de compromiso intelectual. Para S.V., en la figura de María Zambrano, el compromiso trasciende su carácter político, pues se trata de un compromiso moral y humano, pero siempre, un compromiso intelectual. Para no aburriros más, os remito al propio S.V. y a su conferencia sobre M. Zambrano.

Amelia Fernández


[1] Anthropos, editorial, nº 52, Barcelona, 1985, p.4

[2] José Luis Abellán, El panorama de la filosofía española actual, en Anthropos, Textos y Notas, nº 52, Barcelona, 1985, p. 26.

[3] Ibíd. , p. 26.

[4] Adolfo Sánchez Vázquez, Etica y Política, México, ed. FCE, UNAM, FF y L, 2007, p. 56

[5] Ibíd. , p. 57

[6] Ibíd., p. 58

[7] entendida como una “actividad práctica de un conjunto de individuos que se agrupan, más o menos orgánicamente, para mantener, reformar o transformar el poder vigente con vistas a conseguir en nuestra sociedad mayor cotas de libertad, igualdad y solidaridad”. Ibíd. , p.18

[8] Ibíd. ,pp. 148 y ss.



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